Gestión de Personas

Hay lugares que uno habita y hay otros que, de alguna manera, terminan habitándolo a uno. Magallanes tiene algo de eso.

Para quienes nacimos en Punta Arenas y hemos desarrollado buena parte de nuestras vidas en este territorio, sus particularidades no son algo que nos hayan contado. Las vivimos.

Hay lugares que uno habita y hay otros que, de alguna manera, terminan habitándolo a uno. Magallanes tiene algo de eso.

Puntos Clave para la Dirección

  • ✓Para quienes nacimos en Punta Arenas y hemos desarrollado buena parte de nuestras vidas en este territorio, sus particularidades no son algo que nos hayan contado. Las vivimos.

Introducción & Contexto

Conocemos las distancias porque las recorremos, conocemos el viento porque convivimos con él, sabemos lo que significan los inviernos largos y las noches que parecen interminables, sabemos lo que es estar lejos del centro del país y sentir, muchas veces, que esa distancia nos pone en desventaja, sobre todo, cuando nos ha tocado atravesar temas médicos en este lugar del globo terráqueo.

Pero también sabemos algo que desde afuera quizás cuesta dimensionar: esa misma geografía que durante tantos años sentimos como distancia, hoy puede convertirse en una de nuestras mayores ventajas. Porque estamos lejos de muchas cosas, sí… pero estamos extraordinariamente cerca de otras.

Estamos cerca de la Antártica, cerca de rutas marítimas estratégicas, rodeados de una naturaleza que el mundo quiere conocer, estudiar y proteger. Y en medio de transformaciones energéticas, científicas, turísticas y logísticas que están haciendo que este extremo del planeta sea observado con un interés completamente distinto. Quizás por eso, cuando alguien habla de Magallanes desde afuera, uno presta especial atención.

No porque necesitemos que otros nos validen, sino porque sabemos cuánto cuesta construir, emprender, trabajar y hacer crecer organizaciones en este territorio. Y porque conocemos también el enorme potencial de una región que durante demasiado tiempo fue mirada simplemente como el extremo de Chile y que hoy, cada vez con mayor fuerza, comienza a ser observada como un territorio estratégico.

Hace poco leí una publicación del diario argentino Clarín sobre Punta Arenas. La nota aborda el desarrollo de nuestra ciudad, su calidad de vida y, especialmente, la posición que ha ido adquiriendo frente a la Antártica. Hasta ahí, una discusión interesante y necesaria, pero hubo una expresión que me quedó dando vueltas: “aldea grande”.

Podríamos dejarla pasar. Podríamos entenderla como una frase coloquial o simplemente como la opinión de una de las personas consultadas, pero quienes conocemos Magallanes, quienes trabajamos todos los días con sus empresas, sus trabajadores y sus industrias, sabemos que las palabras también construyen percepciones. Y quizás ha llegado el momento de que nosotros mismos seamos más activos a la hora de contar qué es realmente Magallanes.

Porque Punta Arenas no es una aldea

Y Magallanes está bastante lejos de ser una periferia irrelevante del mundo. Quienes formamos parte del ecosistema empresarial de la región tenemos, además, una perspectiva privilegiada para observar esa transformación. Personalmente conozco a muchas de sus empresas, a muchos de sus líderes, y también a sus trabajadores. Sabemos del esfuerzo que significa sostener operaciones en este territorio y conocemos también del enorme talento local que existe detrás de ellas.

Hemos visto empresas compañías, profesionalizar sus estructuras, desarrollar a sus equipos, formar nuevos liderazgos y comenzar a mirar más allá de nuestras fronteras regionales. Y eso también es parte de la historia que debemos contar.

Durante mucho tiempo, hacer empresa desde Magallanes significó competir asumiendo condiciones que no siempre eran equivalentes. La distancia de los grandes centros de decisión, los costos logísticos, la conectividad, el acceso a especialistas, la disponibilidad de capital humano o simplemente las economías de escala hicieron —y todavía hacen— que desarrollarse desde el extremo sur tenga dificultades particulares.Sin embargo, algo está cambiando.

Poco a poco, nuestros empresarios y nuestras organizaciones han ido profesionalizando su mirada. Existe mayor conciencia sobre la importancia de desarrollar personas, fortalecer liderazgos, incorporar mejores prácticas, planificar estratégicamente y construir organizaciones capaces no solamente de sostenerse, sino también de crecer.

Y con esa profesionalización aparece algo todavía más importante: la ambición de competir, con la convicción de que Magallanes también tiene capacidades suficientes para hacerlo.

Una posición que está cambiando

Hoy Magallanes participa de discusiones que son estratégicas para Chile y también para el mundo: transición energética, hidrógeno verde y sus derivados, conectividad marítima y aérea, turismo de intereses especiales, logística antártica, investigación científica y desarrollo de infraestructura.

Y cuando hablamos de nuestra posición Antártica, tampoco podemos olvidar algo esencial: Magallanes no termina en Punta Arenas, más al sur está Puerto Williams. Donde su posición geográfica representa para Chile una oportunidad extraordinaria de proyección hacia la Antártica. Punta Arenas, por su parte, posee capacidades aeroportuarias, empresariales, logísticas, hoteleras, comerciales y de servicios que se han construido durante décadas.

Y no necesitamos enfrentar ambos territorios ni discutir cuál debe imponerse sobre el otro, sino que necesitamos comprenderlos como parte de un mismo sistema austral. Porque juntos representan algo mucho más interesante: la posibilidad de fortalecer un ecosistema logístico, turístico, científico y empresarial vinculado a la Antártica con capacidad de competir internacionalmente, lo cual nos obliga a preguntarnos qué capacidades debemos desarrollar para competir mejor.

No significa asumir que nuestra posición geográfica por sí sola nos garantiza ese lugar. Las ventajas geográficas también pueden desperdiciarse si no están acompañadas de inversión, infraestructura, capital humano, colaboración público-privada, planificación y una visión compartida de largo plazo.

Por eso quizás la pregunta más importante no es qué piensa de nosotros quien nos observa desde afuera. La pregunta es otra: ¿Somos nosotros mismos suficientemente conscientes del valor de Magallanes? Porque durante demasiado tiempo hemos esperado que desde Santiago se descubra nuestro potencial.

Quienes estamos dentro del ecosistema empresarial de esta región vemos todos los días razones para pensar que Magallanes sí puede competir, y con grandes probabilidades de éxito. Vemos empresarios invirtiendo, organizaciones profesionalizándose, líderes intentando hacer mejor las cosas, nuevas generaciones de trabajadores preparándose para industrias que hace algunos años prácticamente no existían, compañías internacionales mirando hacia el extremo sur, turismo de alto estándar, ciencia, energía, conectividad y, sobre todo, vemos talento capaz de trabajar, liderar, innovar y operar en uno de los territorios más exigentes del planeta.

Tenemos desafíos para atraer talento y también para retenerlo, tenemos que seguir profesionalizando nuestras organizaciones, tenemos que preparar a nuestros trabajadores para las nuevas industrias, y necesitamos construir una mirada regional que sea capaz de superar los intereses particulares cuando lo que está en juego es una oportunidad de desarrollo mucho mayor.

Defender Magallanes no significa negar nuestros problemas, significa precisamente lo contrario. Significa reconocer nuestro potencial con suficiente madurez como para hacernos cargo también de nuestras brechas. Porque competir no consiste en decir que somos mejores, sino que en prepararnos para estar a la altura.

Quizás por eso aquella expresión —“aldea grande”— terminó generándome más reflexión que molestia. Porque las palabras construyen percepciones, pero las capacidades terminan construyendo realidades.

Si el mundo está empezando a mirar con mayor atención hacia el extremo sur, nosotros deberíamos estar mirando todavía más lejos. La verdadera discusión no es si Punta Arenas está “cerca del primer mundo”. La verdadera discusión es qué estamos haciendo nosotros para que Magallanes ocupe el lugar que su geografía, sus industrias, sus empresas, su gente y su posición estratégica le permiten ocupar.

No somos una aldea esperando ser descubierta

Somos un territorio estratégico que debe decidir qué quiere hacer con la oportunidad histórica que tiene frente a sí. Y esa conversación, antes de que la escriban otros sobre nosotros, debemos comenzar a escribirla nosotros mismos.

Reflexión Estratégica

La adopción de estas prácticas permite a las organizaciones consolidar ventajas sustentables a través de sus personas.